Archivado en: General, Nacional, Periodismo, Sociedad | Etiquetas: Alcasser, Marta del Castillo, Sevilla, Telebasura, Telecinco, Tuenti
Señores y señoras, niños y niñas, no se levanten de sus sillas, no aparten la vista de la pantalla, porque en unos minutos… ¡¡una historia más sobre violaciones y asesinatos, desapariciones y maltratos!! ¡Apto para toda la familia!
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¿Son los ciudadanos los que elaboran la agenda mediática o, por el contrario, los medios de comunicación controlan nuestros temas de conversación diarios? Es éste un círculo vicioso en el que la audiencia es la meta a alcanzar. Basta con que se caiga un avión o desaparezca una niña, para no oír hablar de la crisis económica. O, por el contrario, si el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder popular, Mariano Rajoy, deciden retomar sus debates televisivos, los violadores y asesinos en España dejarán su cometido para sentarse frente a la pantalla, los pilotos se conformarán con sus sueldos actuales, y los jueves españoles retomarán aquellos casos que interrumpieron por una huelga ilegal.
Este mes la lotería mediática ha caído en Sevilla. Todos hemos podido seguir “paso a paso” a través de la televisión y la prensa (digital o impresa), el caso de Marta del Castillo, su desaparición y la posterior autoconfesión de Miguel Cardaño, ex-novio de la víctima. Es sin duda una historia fatídica, espantosa; las lágrimas de esta familia han provocado un sentimiento de rabia e impotencia en todos los españoles. Y los medios de comunicación, como buitres carroñeros, han iniciado una carreara por apoderarse de esta empatía. Sirviéndose de los detalles más morbosos, imágenes y conversaciones íntimas de la víctima y sus allegados, estos periodistas han convertido a Marta del Castillo en un auténtico fenómeno mediático. Deshumanizándola, han conseguido que los espectadores hablen de este caso como si de ficción se tratase, opinando no sólo sobre lo ocurrido, sino también sobre la vida más íntima de la víctima. Así, podemos leer comentarios de apoyo a la familia, pero también otros ofensivos y humillantes en Denuncia-social o El confidencial, por citar dos ejemplos. Este último periódico digital deja claro que su “equipo de redacción revisará las opiniones para evitar la difusión de comentarios no apropiados o insultos”, pero un vistazo rápido de esos comentarios da cuenta de la subjetividad en cuanto al término apropiación se refiere.
El comportamiento irresponsable de los periodistas ha obligado a la fiscal de Sevilla, María José Segarra, a tomar represalias contra lo que supone una violación del derecho a la intimidad y privacidad. Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de Prensa de Madrid (APM) ha dejado claro su intención de colaborar en esta investigación y castigar la falta de profesionalidad: “cada uno debe asumir su responsabilidad y si ha habido medios que se han sobrepasado, la Fiscalía debe actuar en consecuencia”. “La utilización de menores para exaltar el morbo no responde a ningún interés público”, dictó la Federación de Sindicatos de Periodistas en un informe de la semana pasada.
El origen o fuente de esta transgresión de la privacidad de Marta tiene nombre propio: Tuenti. El Tuenti es una red social que se ha puesto de moda últimamente entre los jóvenes. A través de ésta, los usuarios pueden compartir fotografías y comentarlas. El propietario de la cuenta puede elegir si limitar el acceso a su página o permitir su completa visibilidad al público internauta. Antonio del Castillo y Eva Casanueva, padres de la menor fallecida, han tenido que enfrentarse aquí a fotografías y conversaciones de Marta y su presunto asesino, Miguel. El tueni de Marta ha sido la principal fuente de alimentación para el periodismo basura, como demuestra este audio que lo analiza en detalle de una manera desmesurada e inadecuada; o el siguente vídeo del programa de Telecinco, Rojo y Negro:
Desgraciadamente, el de Marta del Castillo no es un caso aislado. Nombre como el de Madeleine o Yéremi Vargas protagonizaron búsquedas sin éxito que fueron seguidas incesantemente por los medios españoles. No obstante, entre todos ellos, destaca un horrible suceso por la magnitud de su difusión, pero sobre todo por la forma grotesca, irrespetuosa y desmesurada en que los medios de comunicación lo sacaron a la luz: el caso de las niñas de Alcàsser. No hace falta recordar los acontecimientos en lo que sería la última noche para estas tres jóvenes, pero sí hacer hincapié en el vergonzoso programa que dirigió Nieves Herrera. Estando las familias y amigos de las víctimas presentes, se regocijó en los detalles más macabros con el fin exclusivo de saciar el morbo del espectador. La propia periodista se arrepentiría más tarde de haber presentado este programa, que marcaría toda su carrera:
“Creo que las personas que tomaron la decisión de enviarme a hacer el programa allí, después me dejaron sola ante las críticas y nadie fue capaz de decir la verdad [...]. A los diez minutos de empezar, pedí al control central de Madrid que recogiera la señal y que emitieran un programa de esos enlatados que hay en todas las televisiones. Yo no quería seguir pero alguien, y todavía no sé quién fue, tomó la decisión de que yo siguiera en antena” (El Mundo, 16 de noviembre de 2001).
En esta misma línea estuvo el reportaje que la cadena Antena3 realizó reconstruyendo los hechos de aquella noche. Sirviéndose de actrices con grandes parecidos a las víctimas y actores que recordaban a los dos asesinos, compusieron explícitamente todas las escenas, incluidas aquellas en las que ni siquiera la propia policía podría asegurar los movimientos y conversaciones de los implicados. Antena3 convirtió el asesinato de tres jóvenes valencianas en una especie de producción televisiva que rozaba la ficción, olvidándose de que detrás de esa historia, había tres vidas humanas perdidas y centenas destrozadas.
El morbo vende. Ese es el principal problema. Pero la pornografía infantil también lo hace; es evidente que si no hubiera degenerados en la red en busca de estas imágenes, no tendría razón de ser, ni constituiría, por lo tanto, un delito. ¿Por qué permitir entonces que estos programas “de sucesos” transgredan la integridad de las personas a favor de las demandas de un grupo? La justicia debería tomar cartas en este asunto. Pero los primeros que han de plantearse su labor y contribución a la sociedad son los propios periodistas. El periodismo es una profesión que tiene un gran componente social (y más aún si se trabaja para una cadena pública). Partiendo de la base de que no se puede contar todo, los contenidos de los medios deberían ser una pequeña muestra lo más fiel y adecuada posible a la realidad. Una muestra que no deje grandes lagunas en el tintero (no se trata de obviar la violencia de género), pero que respete en todo momento la integridad de los seres humanos y les ofrezca una imagen adecuada y coherente a partir de la cual puedan configurar su propio juicio. En palabras de Rosa Montero, los medios están construyendo la realidad o más aún, suplantando nuestra vida.
Sara Barragán Montes
Enlaces relacionados:
· El País
· El Mundo
· Que.es
· Abc.es




