Sara Barragán Montes


Internet abre sus puertas al último país democrático

 

Bután es una pequeña región del interior del Himalaya que se extiende a lo largo de 47.000 kilómetros cuadrados. Su situación geográfica dificulta enormemente su accesibilidad; y la agricultura es la ocupación más común entre sus 2’3 millones de habitantes. Durante siglos, la élite política y económica de la sociedad buthanesa se ha esforzado por mantener a su país alejado de los efectos del capitalismo, la globalización y cualquier práctica consumista. Los principios del budismo rigen la vida y la conducta en un territorio jamás colonizado.

La filosofía de la sociedad buthanesa se resume en la célebre cita del anterior rey, Jigme Singye Wangchuk: “La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Nacional Bruto”. Claro ejemplo de este principio es la política nacional que Bután ha mantenido en cuanto a la exportación de energía hidráulica, un recurso que abunda en este territorio: en lugar de obtener la máxima rentabilidad de un producto demandado por los gigantes chino e indio, el gobierno ha decidido limitar la producción con el fin de contorlar el impacto ecológico. Kinga Thsering, jefe ejecutivo del Banco de Bután explica así su política económica: “Estudiamos las inversiones en base a la filosofía budista y no en base al materialismo del libre mercado. Nuestra filosofía no es vender nuestros recursos al mejor postor a cambio de miles de millones de dólares”.

Sin embargo, ni el pueblo más aislado podría librarse de la influencia de las telecomunicaciones. En 1999 llegaron a Bután, Internet y la televisión. La expansión paulatina de la red ha tenido importantes consecuencias a nivel social, económico y, sobre todo, político. Los foros públicos aumentaron la posibilidad de expresión de los ciudadanos buthaneses, y revelaron el descontento de una gran parte de ellos. “De todos los medios, Internet es el que ha cruzado las líneas más deprisa. Parece deberse al anonimato”, dijo Kinley Dorji, director del periódico Kuensel.

Pero esa libertad sin límites que ofrecía Internet también estaba controlada por las altas esferas. Una internauta bajo el sinónimo de ‘coolmandala‘ escribió en el Kuensel: “Temblamos frente a los Lyonpos (ministros) o los otros altos cargos y no somos capaces de decir palabra debido a lo que llaman nuestra rica cultura”. Las crecientes tensiones obligaron al rey a iniciar el camino hacia la democracia, depositando parte de su poder en un consejo de ministros.

 Finalmente, en marzo de 2008, tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas. Una participación del 70% de la población dio el triunfo al Partido por la Paz y la Prosperidad de Bután (DPT), acabando con un siglo de monarquía. No obstante, las restricciones en la red continuaron. La página web www.bhutantimes.com fue cerrada por agredir verbalmente al tío del antiguo rey y líder de la oposición, el Partido Democrático del Pueblo (PDP). Kezang, representante del Ministerio de Información y Comunicaciones se justificó esta actuación de la siguiente manera: “Tenemos una política de crear unos medios llenos de energía. Pero somos muy cautos sobre lo que el contenido del exterior podría hacerle a nuestra sociedad”. En otras palabras, la libertad de expresión se sacrifica a favor de los valores nacionales.

Las cifras del crecimiento económico nacional demuestran las ventajas de este paulatino aperturismo: sólo en 25 años, el país ha crecido a un ritmo medio del 7% anual, y la esperanza de vida de la población ha aumentado de 40 años a 66. Pero el gobierno butanés todavía tiene mucho que avanzar en materia de derechos humanos y, especialmente, en lo referente a la libertad de expresión. La situación idílica sería que este país de ensueño consiguiera la igualdad social, política y económica de su pueblo, sin por ello sacrificar sus principios ecológicos y pacifistas.

Sara Barragán Montes

* Fuentes relacionadas:

 

· Vídeo: De Gutenberg a Gates

· La Flecha

· Eco-Diario

· Nación.com/El Mundo




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