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Desde tiempos prehistóricos, las personas nos hemos tenido que hacer a la idea de que todo es fugaz. La inmortalidad, a efectos físicos y perceptibles, es una utopía. Y, por supuesto, los periodistas son expertos en teorizar sobre el futuro de su profesión, en ocasiones con visiones excesivamente pesimistas. Así ocurrió con la radio, amenazada por la aparición de la televisión; y ésta, a su vez, por el fenómeno de Internet.
En su blog La buena prensa, Miguel Ángel Jimeno y Txema Díaz Dorronsoro, profesores de Edición en la Universidad de Navarra, dedican una entrada a Puntoyseguido, un suplemento elaborado por un grupo de alumnos de periodismo de esta universidad dedicado a la reflexión sobre el porvenir de la profesión.
En mi opinión, no se trata de la desaparición del periodismo, sino de una necesaria especificación de la función de cada formato. En el caso de la edición digital versus la impresa, Internet debe estar al servicio de la inmediatez, mientras que los diarios se dedicarán a la reflexión. Este es el camino que ya ha emprendido The Wall Street Journal, diferenciando ambas ediciones y haciendo necesaria la supervivencia de ambs.
Me gustaría destacar la intervención del periodista Joaquín Estefanía en la ceremonia que se celebró el pasado mes de febrero de 2009 con motivo de la clausura del máster en periodismo organizado por la UAM y El País. En pocas palabras, define la profesión de periodista, apartándola de otras acepciones que le otorgan el carácter temporal que predice una desaparición inmediata:
“Los periodistas pertenecen al mundo de la información, no de la imprenta”.
Así de sencillo. Es tan periodista aquél que escribe en papel, como el que plasma sus ideas sobre un teclado. La intervención ciudadana a través de las nuevas tecnologías no hará más que facilitar y mejorar su trabajo, ofreciendo nuevas fuentes de información. Pero, en última instancia, el profesional, el que goce de cierta autoridad y reconocimiento, será únicamente el periodista.
Para finalizar, tomo prestadas diez hipótesis de Guillermo Culell sobre el periodismo en la red que leí en el blog de Ignacio Escolar, Escolar.net:
1. La jerarquía es construida por un algoritmo.
2. No existe una jerarquía sino múltiples.
3. El periodista es un DJ.
4. El periodista es un atleta de elite.
5. El periodista es 50% ingeniero y 50% artista.
6. La redacción no tiene lugar.
7. La corporación es la marca. La organización es amorfa.
8. La organización comercial es una cuenta bancaria.
9. La red es el único territorio donde suceden los hechos.
10. Volumen + Velocidad = Calidad
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Sara Barragán Montes
Fuentes:
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Bután es una pequeña región del interior del Himalaya que se extiende a lo largo de 47.000 kilómetros cuadrados. Su situación geográfica dificulta enormemente su accesibilidad; y la agricultura es la ocupación más común entre sus 2’3 millones de habitantes. Durante siglos, la élite política y económica de la sociedad buthanesa se ha esforzado por mantener a su país alejado de los efectos del capitalismo, la globalización y cualquier práctica consumista. Los principios del budismo rigen la vida y la conducta en un territorio jamás colonizado.

La filosofía de la sociedad buthanesa se resume en la célebre cita del anterior rey, Jigme Singye Wangchuk: “La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Nacional Bruto”. Claro ejemplo de este principio es la política nacional que Bután ha mantenido en cuanto a la exportación de energía hidráulica, un recurso que abunda en este territorio: en lugar de obtener la máxima rentabilidad de un producto demandado por los gigantes chino e indio, el gobierno ha decidido limitar la producción con el fin de contorlar el impacto ecológico. Kinga Thsering, jefe ejecutivo del Banco de Bután explica así su política económica: “Estudiamos las inversiones en base a la filosofía budista y no en base al materialismo del libre mercado. Nuestra filosofía no es vender nuestros recursos al mejor postor a cambio de miles de millones de dólares”.
Sin embargo, ni el pueblo más aislado podría librarse de la influencia de las telecomunicaciones. En 1999 llegaron a Bután, Internet y la televisión. La expansión paulatina de la red ha tenido importantes consecuencias a nivel social, económico y, sobre todo, político. Los foros públicos aumentaron la posibilidad de expresión de los ciudadanos buthaneses, y revelaron el descontento de una gran parte de ellos. “De todos los medios, Internet es el que ha cruzado las líneas más deprisa. Parece deberse al anonimato”, dijo Kinley Dorji, director del periódico Kuensel.
Pero esa libertad sin límites que ofrecía Internet también estaba controlada por las altas esferas. Una internauta bajo el sinónimo de ‘coolmandala‘ escribió en el Kuensel: “Temblamos frente a los Lyonpos (ministros) o los otros altos cargos y no somos capaces de decir palabra debido a lo que llaman nuestra rica cultura”. Las crecientes tensiones obligaron al rey a iniciar el camino hacia la democracia, depositando parte de su poder en un consejo de ministros.

Finalmente, en marzo de 2008, tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas. Una participación del 70% de la población dio el triunfo al Partido por la Paz y la Prosperidad de Bután (DPT), acabando con un siglo de monarquía. No obstante, las restricciones en la red continuaron. La página web www.bhutantimes.com fue cerrada por agredir verbalmente al tío del antiguo rey y líder de la oposición, el Partido Democrático del Pueblo (PDP). Kezang, representante del Ministerio de Información y Comunicaciones se justificó esta actuación de la siguiente manera: “Tenemos una política de crear unos medios llenos de energía. Pero somos muy cautos sobre lo que el contenido del exterior podría hacerle a nuestra sociedad”. En otras palabras, la libertad de expresión se sacrifica a favor de los valores nacionales.
Las cifras del crecimiento económico nacional demuestran las ventajas de este paulatino aperturismo: sólo en 25 años, el país ha crecido a un ritmo medio del 7% anual, y la esperanza de vida de la población ha aumentado de 40 años a 66. Pero el gobierno butanés todavía tiene mucho que avanzar en materia de derechos humanos y, especialmente, en lo referente a la libertad de expresión. La situación idílica sería que este país de ensueño consiguiera la igualdad social, política y económica de su pueblo, sin por ello sacrificar sus principios ecológicos y pacifistas.
Sara Barragán Montes
* Fuentes relacionadas:
· Vídeo: De Gutenberg a Gates




